Tartaletas portuguesas. Pastéis de Belém.


Existen infinidad de versiones de este exquisito dulce portugués aunque la auténtica receta sólo hay tres cocineros en el mundo que la sepan.

El origen está en los pasteles que preparaban los monjes del convento de Los Jerónimos de Lisboa en el siglo XVIII

A principios del siglo XIX, después de la revolución liberal, se cerró el monasterio y el panadero del mismo decidió vender la receta de los dulces a un empresario portugués:  Rafael Domingos Alves.

Este empezó a elaborarlos en un ingenio (fábrica
de azúcar) que había en las proximidades de Los Jerónimos. Hasta que en 1837 se inauguró la "Casa Pastéis de Belém". En la actualidad continúa en manos de sus descendientes.

Su elaboración es uno de los secretos mejor guardados desde hace casi 200 años. Se preparan a puerta cerrada en “la oficina del secreto” (oficina do segredo) durante dos días.

He estado varias veces en Lisboa. Es una ciudad para perderse en sus rincones y para no perderse ninguno de ellos. Adentrarse en la vida cotidiana, subirse al tranvía y callejear por el nostálgico barrio de Alfama. Contemplar  su belleza y grandiosidad desde alguno de sus miradores. Disfrutar del bullicio del día y de la magia de la noche.
 
  
En varias ocasiones  he visitado Los Jerónimos y la Torre de Belém  y es probable que haya pasado muy cerca de la "Casa Pastéis de Belém". Sin embargo no la vi, ni tampoco  probé los famosos dulces. En aquellos momentos desconocía su existencia.

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Dicen los lisboetas que es un crimen visitar Lisboa y no tomarse un “pastéis de Belem” en la famosa pastelería.  Yo he cometido "ese pequeño crimen", así que tendré que volver a Lisboa para poner remedio.


Las “tartaletas portuguesas” que podéis ver en el vídeo del final de la entrada están también muy ricas. A mi me recuerdan un poco al Kanelbulle sueco  (bollos de canela) que nos enseñó a preparar Minge. 

Obviamente no las he podido hacer con la receta original. La he tomado prestada del blog "La repostería de Miguel". Fantástico blog, si os gusta la repostería no dejéis de visitarlo.

Las que yo he preparado llevan mi toque personal. Espero que os gusten. Están muy ricas aunque no sean las auténticas.


¡Qué me gusta la Feria de los Pueblos!


Cada año a finales de abril o primeros de mayo tiene lugar en Fuengirola la Feria Internacional de los Pueblos.

Desde que empezó a celebrarse en 1994, creo que no me he perdido ninguna.
 
La alegría, el colorido, la diversidad de músicas, bailes, olores y sabores hacen que sea la fiesta que más me gusta de todas las que se celebran en la localidad.


En sus orígenes se creó para dar a conocer las costumbres, gastronomía y demás atractivos turísticos de los países de las múltiples nacionalidades que tenían Fuengirola como lugar de residencia. 
Recuerdo que no había tantas casetas como ahora y que en ellas se ofrecían degustaciones gratuitas de productos típicos de cada país, elaborados por las propias familias o por las pequeñas asociaciones que las montaban.  

¡Cuánto ha llovido desde entonces!

Está claro que nadie da nada a cambio de nada y la Feria de los Pueblos no es una excepción. Todo se paga y bien. En la mayoría de las casetas los precios de las comidas y bebidas que se sirven son altos para la cantidad que te ofrecen. El objetivo ha cambiado, ahora prima más la parte comercial.

Pese a ello es una fiesta que merece la pena conocer. Me sigue atrayendo enormemente. Cada año estoy deseando que llegue para no perdérmela. 


Uno de los mayores atractivos que para mí tiene esta fiesta es la mezcla de culturas. A lo largo del Recinto Ferial puedes encontrarte asturianos y escoceses  compartiendo sidra al tiempo que acompasan sus gaitas en la caseta de Finlandia;  cruzarte con agrupaciones vascas que bailan con las que acaban de llegar de Palestina o Jordania; "vikingos" y  polacos bebiendo juntos "una birra alemana" en la caseta de Irlanda...

Me encanta que en cuestión de minutos puedas pasar de tomar un asadito uruguayo a saborear unos riquísimos dulces árabes; comer un bocata de “guarro” al estilo británico, unos alfajores argentinos o un cuscús; menear el cuerpo al ritmo de una bachata o atreverte con una danza de bollywood... ¡todo es posible en la Feria de los Pueblos! 

¡Lástima que haya terminado! ¡Habrá que esperar otro año más para la próxima!

Os animo a que vengáis a la XX edición, seguro que no os va a defraudar. Mientras tanto os dejo este vídeo para que os hagáis una idea de lo que os podéis encontrar.